Da luz a mis ojos, Señor, para
que no caiga en el sueño de la muerte; para que no diga mi enemigo: "He
triunfado sobre él".
Illúmina óculos meos,
ne umquam obdórmiam in morte, nequándo dicat inimícus meus: Praeválui advérsus eum.
Oremos:
Señor, vela con amor constante sobre tu Iglesia; y ya que sin ti no puede
sostenerse lo que se cimienta en la debilidad humana, protégela en los peligros
y guíala a la salvación eterna.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.
Aprendan a hacer el bien;
busquen la justicia
Lectura del libro del profeta
Isaías
1, 10.16-20
Escuchen la palabra del Señor,
jefes de Sodoma, atiendan a la enseñanza de nuestro
Dios, pueblo de Gomorra:
"Lávense, purifíquense; aparten de mi vista sus malas acciones. Dejen de
hacer el mal, aprendan a hacer el bien.
Busquen el derecho, protejan al oprimido, socorran al huérfano, defiendan a la
viuda.
Luego vengan y discutamos, dice el Señor. Aunque sus pecados sean de un rojo
intenso, se volverán blancos como la nieve; aunque sean rojos como la púrpura,
quedarán como lana blanca. Si obedecen y hacen el bien, comerán los frutos de
la tierra; si se resisten y son rebeldes, los devorará la espada.
Lo ha dicho el Señor".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Sal 49, 8-9.16bc-17.21 y 23
Muéstranos, Señor, el camino
de la salvación.
Qui immaculátus est in via, osténdam
illi salutáre Dei.
No te reprendo por tus
sacrificios, pues tus holocaustos están siempre ante mí; pero no aceptaré un
novillo de tu casa, ni un cabrito de tus corrales.
Muéstranos, Señor, el camino de la salvación.
Qui immaculátus est in via, osténdam
illi salutáre Dei.
"¿Por qué recitas mis
mandamientos, y tienes siempre en tu boca mi alianza, tú que detestas la
corrección y no tienes en cuenta mis palabras?
Muéstranos, Señor, el camino de la salvación.
Qui immaculátus est in via, osténdam
illi salutáre Dei.
Esto haces tú, ¿y me voy a
quedar callado? ¿Piensas quizás que soy como tú? Yo te acuso y te lo echo en
cara.
Muéstranos, Señor, el camino de la salvación.
Qui immaculátus est in via, osténdam
illi salutáre Dei.
El que me ofrece un sacrificio
de alabanza, es el que me da gloria; al que rectifique su camino yo le mostraré
la salvación de Dios".
Muéstranos, Señor, el camino de la salvación.
Qui immaculátus est in via, osténdam
illi salutáre Dei.
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Purifíquense de todas sus maldades; renueven su corazón y su espíritu, dice el
Señor.
Proícite a vobis omnes praevaricationes vestras, dicit Dóminus, et fácite vobis cor novum
et spiritum novum
Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Los fariseos dicen una cosa y hacen
otra
† Lectura del santo Evangelio según
san Mateo
23, 1-12
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente
y a sus discípulos:
"En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos.
Obedézcanles y hagan lo que les digan, pero no imiten su ejemplo, porque no
hacen lo que dicen. Atan cargas pesadas e insoportables, y las ponen sobre los
hombros de la gente; pero ellos no mueven ni un dedo para llevarlas. Todo lo
hacen para que los vea la gente: exageran sus distintivos religiosos y alargan
los adornos del manto; les gusta el primer lugar en los banquetes y los
asientos de honor en las sinagogas, el ser saludados por la calle y que los
llamen maestros.
Ustedes, en cambio, no se dejen llamar maestro, porque uno es su maestro, y
todos ustedes son hermanos. Ni llamen a nadie padre en la tierra, porque uno
solo es su Padre: el del cielo. Ni se dejen llamar jefes, porque uno solo es
quien los conduce: el Mesías. El primero de ustedes será el que sirva a los
demás.
Porque el que se engrandece será humillado, y el que se humilla será
engrandecido".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Por estos misterios que estamos
celebrando, dígnate santificarnos, Señor; purifícanos de nuestros egoísmos
terrenales y condúcenos a los bienes celestiales.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
Los frutos de las privaciones
voluntarias
En verdad es justo y necesario, es
nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre
santo, Dios todopoderoso y eterno.
Porque con nuestras privaciones voluntarias nos enseñas a reconocer y agradecer
tus dones, a dominar nuestro afán de suficiencia y a repartir nuestros bienes
con los necesitados, imitando así tu generosidad.
Por eso,
con todos los ángeles, te glorificamos y te aclamamos diciendo:
[Misa]
Proclamo todas tus
maravillas, me alegro y canto salmos a tu nombre, ¡oh
Altísimo!
Narrábo ómnia mirabília
tua. Laetábor, et exsultábo in te, psallam nómini tuo, Altissime.
Oremos:
Señor, te rogamos que esta Eucaristía nos ayude a vivir más cristianamente y
nos obtenga el auxilio continuo de tu misericordia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén
.